viernes 6 de noviembre de 2009

TESTIMONIO PERSONAL

Mientras cursaba el Instituto Bíblico a finales de 2004, llegó a mis manos por uno de mis mejores amigos el Libro de Caminando Bajo Su Gracia escrito por el Dr. Steve McVey. Mientras lo leía, fue impactante darme cuenta como Dios me amaba no por lo que yo pudiera hacer para él, sino más bien me amaba por estar en Jesucristo.

Fue así cuando el mensaje de la gracia fue derrumbando teologías falsas que durante mucho tiempo no me permitían experimentar con Dios una relación personal.

Después de leer el libro, tuve contacto con mis amigos Gerardo Vázquez y Gerardo Soberanis y recibí el discipulado de Caminando Bajo Su Gracia de una manera más personal. Desde el 2005 hasta la fecha he aprendido a caminar en gracia y tener la gran bendición de colaborar en mi ciudad para el ministerio de Grace Walk América Latina, y enseñar a los hermanos a regresar al mensaje Cristo-Céntrico.

¡Gracias Jesús por tu Gracia!

Gracias por la vida de Gerardo Vázquez, Gerardo Soberanis, de quienes siempre estaré agradecido por ser mis pastores y mejores amigos en gracia.

Armando Compeán
Cuernavaca Morelos, México

jueves 5 de noviembre de 2009

Evento Para América Latina Con Steve McVey y Gerardo Vázquez

Evento Para América Latina el 19 y 20 de marzo de 2010 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco México.

Steve y Melanie de McVey y Gerardo y Gloria de Vázquez estarán en esas fechas para llevar a cabo el evento anual de Caminando Bajo Su Gracia para las personas de habla hispana.

Extendemos una cordial invitación a todos aquellos que quieran formar de este evento. Para mayores informes escribe a;

gerardovazquezlara@yahoo.com
gerardovazquezl@yahoo.com
www.caminandobajosugracia.com

Es mi deseo poder verlos en Guadalajara, Jalisco México para poder disfrutar el Caminar Bajo Su Gracia.

Presidentes de Grace Walk Ministries
Dr. Steve y Melanie de McVey

Directores Ejecutivos Para América Latina
Gerardo y Gloria de Vázquez

lunes 2 de noviembre de 2009

PENSAMIENTOS DE GRACIA PARA ELDIARIO VIVIR /

DE LA PLUMA DE NUESTRO DIRECTOR / GERARDO VAZQUEZ / TEMA; RELACIONADOS CON LAS BENDICIONES

26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
Juan 6:26

En cierta ocasión Jesús reprendió a un grupo de personas porque le seguían únicamente por la comida y los acusa de no ver; es decir, de no ver más allá de lo natural.

Pudiesen existir buenas causas y buenas obras que pueden ocupar la atención primordial del creyente. A pesar de querer ver todo lo externo, nada debe ser capaz de sustituir la Vida fresca y profunda de nuestro amado Jesús. Mientras que las bendiciones externas son importantes en la vida del creyente, no lo es todo. Cristo lo es. Si las bendiciones se manifiestan externamente o si no se manifiestan, Cristo sigue siendo Cristo.

Es importante llegar al lugar donde reconocemos que la vida de Cristo se trata de un profundo y permanente amor que nos brinda a cada uno de nosotros y en todo momento de nuestro diario vivir. Es una inconmovible seguridad que nos ofrece, la cual reside en nosotros.

Es una intimidad que nos capacita en cualquier lugar, en cualquier prueba que estemos atravesando para poder decir, que sólo a Él le necesitamos. Podríamos expresarlo como lo dijo el apóstol Pablo: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. (Filipenses 1:21)

Consideremos esta pregunta: ¿Estoy siguiendo a Jesús únicamente para que supla mis necesidades? Para muchos éste es el caso. Están relacionados únicamente con las bendiciones que Cristo les ha dado, pero no están relacionados con Él. Él siempre ha propuesto a lo largo de la historia humana conocerle cada día más íntimamente, y desea ser más que otro volumen en la enciclopedia de tus hechos, y más que un proveedor para tu diario vivir.

Corremos el riesgo de estar más apasionados por Su bendición, que por Él mismo. Pero dirás: ¿Me estás pidiendo que renuncie a las bendiciones que Dios me ha dado a través de Cristo? ¡No!, ¡Claro que no! Lo que estoy diciendo es que necesitamos definir en que posición nos encontramos en este momento de la vida cristiana.
Quizás estamos más enamorados de la bendición que del mismo Cristo. Recordemos que existió un grupo de personas que únicamente lo seguían por la comida, y nadie está exento de vivir bajo las mismas ideas de esas personas que Él confrontó en las Escrituras que recién hemos leído.

Imaginemos una historia ficticia: Una joven de aproximadamente 19 años decide empezar una relación con una persona de 100 años. Para comenzar a conocerse, el anciano decide llevarla de vacaciones al Caribe. Mientras platican en la playa, el anciano saca de su bolsillo un regalo para esta joven. Ella lo abre y se da cuenta de que es un anillo de compromiso. La joven titubea por el atrevimiento pero mantiene la calma. El anciano al ver la paz que inunda a esta joven decide lanzar toda la carne al asador y le propone matrimonio. Ella acepta.

La realidad de esta historia es que esta jovencita no se casará porque cree que puede enamorarse de él. Tampoco creo que sea una gran admiradora de las arrugas; ¡Perdón! de las líneas del tiempo que se presentan en toda su cara. Tengo la plena seguridad que tampoco se casará con él por la fuerza física que pueda poseer. La decisión de finalizar con él en matrimonio, sería sólo por una sencilla razón: ¡Dinero! ¡Dinero! y nada más.

Muchos, al no conocer la prioridad Cristocéntrica, han finalizado en matrimonio con Sus finanzas. Lo siguen únicamente por todo lo que Él les pueda dar. Podríamos decir que Cristo ha dejado de ser nuestra vida para convertirse en un proveedor.
Gloria me platicó una historia que me impactó al momento de oírla. Cuando ella era una niña, se le acercó a mi suegro y le dijo: Papá, cómo quisiera tener un billete de un peso. Mi suegro se rió por la inocencia de Gloria y le preguntó: ¿Para qué quieres un billete de un peso? Ella le respondió: Siempre he querido saber que se siente tenerlo en mis manos.

Mi suegro volvió a reír; sacó la billetera, la abrió y le regaló lo que estaba solicitando. Cuando Gloria recibió ese regalo en sus manos gritó: ―¡Soy rica! ¡Soy rica! Gloria aventaba el billete por los aires. Los ojos de esta niña se posaron en la bendición que su padre le había dado.

¡Amada iglesia! Muchos somos como esa niña preciosa y como ella posamos los ojos únicamente en la bendición. Si Cristo te da un millón de dólares no te enfoques en ellos, como necesitas enfocarte en Él. La historia de Gloria continúa. Pasados los años mi suegro partió con el Señor. Confieso que siempre lo admiré y le tenía un gran respeto. Era de esos padres que todos los hijos desean tener en la vida.
La pérdida de este hombre ejemplar fue un golpe muy duro para mi esposa y para toda su familia. Un día Gloria sacó de su bolsillo un billete muy antiguo.

¿De dónde lo sacaste? ―Le pregunte. Gloria respondió: ―Así era el billete que mi papá me regalo cuando yo era una niña. En ese tiempo el billete era lo máximo para mí y tenía un valor inmenso; pero ahora, el billete no tiene tanto valor como la persona que me lo regaló. Lo conservo y siempre lo haré, para recordar a mi padre que me lo dio.

Gloria llegó a entender lo que muchos cristianos no entienden en la vida cristiana. Dios nos da las bendiciones; pero no para que nos enfoquemos en ellas. Nos da todo porque desea que posemos nuestros ojos en Él y que siempre recordemos que todo lo que hemos recibido es una manera divina de decirnos: ―¡Aquí estoy Hijo! ¡Obsérvame a mí!

DE LA PLUMA DE NUESTRO PRESIDENTE / EL DR. STEVE MCVEY / TEMA; CONOZCAMOS LA MISERICORDIA Y LA GRACIA

Cada cristiano entiende el poder de la cruz con relación al perdón de pecados, porque Jesucristo tomó nuestra culpa sobre Él, contrayendo la ira de Dios. Contra nuestro pecado, la Justicia de Dios fue satisfecha (Romanos 3:23 –26). Nuestros pecados pueden ser perdonados a través de Cristo; Jesús se puso en nuestro lugar cuando Dios demandó la penalidad para ellos.

Cuando confiamos en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, en ese momento el perdón de Dios llega a tomar efecto en nosotros. Merecíamos estar separados eternamente de Dios, en el infierno; pero a través de Cristo Jesús, hemos recibido la misericordia de Dios.

Eso es: nosotros no recibimos algo que verdaderamente merecíamos.
Hace unos cuantos años cuando servía como pastor en Alabama, manejaba de Birminham a mi Iglesia, como a una hora de camino. Cuando salí de la autopista no ajusté la velocidad en la carretera. En unos momentos escuché una sirena y vi en mi espejo retrovisor las luces azules encendidas, echando un vistazo a mi velocímetro, pensé: “¡OH no!, lo he hecho, me atraparon”.

El policía caminó hacia mi ventana y me pidió que le mostrara mi licencia para conducir, “señor, ¿sabe usted que tan rápido iba?”, él preguntó. “Sí señor, sí sé”, respondí, tratando de verme lo más reverente posible, y me dijo: “¿puede bajar de su auto y sentarse en el asiento de enfrente del carro de policía?”, me preguntó de una manera imperativa. Rápidamente caminé hacia su carro y me senté en el asiento de adelante agachado y esperando que ninguno de los miembros de la Iglesia pudiera pasar por donde yo estaba y ver a su Pastor en el asiento de enfrente de un carro de policía. Después de mostrarme mi velocidad grabada en su radar, el policía alcanzó su libro de infracciones; lo abrió y tomó la pluma de su bolsa, y cuando él comenzaba a hojear su libro, le dije: “oficial”, “¿si?”, él respondió, viéndome. “¿Me daría misericordia?”, LE PREGUNTE. El policía me vio por un momento, vio su libro de infracciones y volvió a verme. “Está bien, solamente voy a tenerla”, respondió. “Baje su velocidad y tenga un buen día”. ¡Eso verdaderamente pasó! (No piensen que siempre es así con los predicadores. Otro policía quien me dio una infracción, dijo que todas las personas deberían de conocer más para no romper la ley).

¿Ven qué pasó?, ¿Pueden ver lo que pasó? Merecía esa infracción; pero el oficial me dio una oportunidad, no me dio lo que yo merecía, ¡así es como la misericordia de Dios es expresada hacia nosotros! Todos nosotros merecíamos pagar la penalidad total de nuestro pecado, (Romanos 3:23). Ciertamente era justo para nosotros estar eternamente separados de Él, mas Dios escogió extender su misericordia hacia nosotros. Somos como la mujer que fue al fotógrafo para tomarse una fotografía.

Después de algunos días regresó para ver las pruebas, dándole vueltas a cada una de ellas, volteó su vista y dijo: “estas fotografías no me hacen justicia”. “Mujer”, el fotógrafo respondió, “usted no necesita justicia, usted necesita misericordia”. Eso es exactamente lo que nosotros necesitábamos y es exactamente lo que Dios nos dio cuando perdonó nuestro pecado. Aún hay otro aspecto del evangelio que muchas personas no entienden. Regresemos un poco atrás al policía en Alabama. Algunas personas me han dicho, “ese hombre verdaderamente te mostró la gracia, ¿verdad que sí?”. La respuesta a esa pregunta es no. Él no me mostró gracia, sin embargo me mostró solamente misericordia.

Supongamos que cuando empecé a salir fuera de su carro, el oficial me hubiese dicho, “espere un minuto, no he terminado aún con usted”, imagínese si me hubiese sentado en la parte trasera del carro y él hubiese alcanzado su bolsillo y sacado su cartera y me hubiera dado un billete de $ 100.00 dólares. “Quiero darle esto y que tenga un buen día”, ahora eso hubiese sido gracia (pero tristemente esa parte de la historia no sucedió).
Misericordia es, no recibir algo que merecemos; pero la gracia es recibir algo que nosotros no merecemos.

Dios nos mostró su misericordia, cuando Él perdonó nuestros pecados y los declinó para detenernos (holdus accauntable) y entonces fue un paso más allá y extendió su gracia a nosotros dándonos vida Divina, en la persona de Jesucristo ¡El perdón es maravilloso; pero no es el evento principal! El perdón es un prerrequisito para la meta principal de Dios.

La cosa más maravillosa que toma lugar cuando somos salvos es que recibimos la vida de Jesucristo dentro de nosotros.

martes 27 de octubre de 2009

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